martes, 22 de diciembre de 2015

El Triángulo Azul


Autores: Laila Ripoll y Mariano Llorente

Género: Teatro
http://cdn.mcu.es/espectaculo/el-triangulo-azul/

EQUIPO
ARTÍSTICO
Laila Ripoll (Dirección), Arturo Martín Burgos (Escenografía), Luis Perdiguero (Iluminación),Almudena Rodríguez Huertas (Vestuario), Pedro Esparza (Música), Álvaro Luna, (Vídeo), David Roldán “Oru”, (Espacio Sonoro), Héctor del Saz (Ayudante de dirección), marcosGpunto (Fotos), Carlos García González (Diseño de cartel), Paz Producciones (Videoclip)
Los españoles fueron los primeros en entrar en Mauthausen y los últimos en salir. Ningún gobierno se preocupó de si estaban vivos o muertos y tuvieron que lucir el distintivo azul, el de apátrida, porque el gobierno de Franco así lo decidió. Gracias a los muchachos españoles se pudieron sacar del campo las fotos que sirvieron como pruebas en los juicios posteriores...
Siete mil españoles pasaron por Mauthausen. Los que sobrevivieron no llegaron a dos mil...
Hace ya sesenta años y todavía, a día de hoy, ni un triste monolito en nuestro país recuerda a los miles de españoles que dieron su vida por la libertad, asesinados por los nazis en el campo de concentración de Mauthausen.

Opinión:
La obra comienza con el protagonista, Paul Ricken, hablando a una grabadora. En esa grabación se dirige a sus hijos, a quienes pretende contarles su historia y justificar su pasado. 
Ricken se presenta como un hombre calmado y apasionado por el arte y la literatura, y sobre todo como un padre amoroso. Es por eso que se siente en la necesidad de contarle todo a sus hijos y a responder sus dudas.
"Ingresé en el partido en 1932, convencido de que se trataba del único camino, el único modo de recuperar la dignidad y la esperanza. Convencido de que sólo así se salvarían del sufrimiento esos hombres humillados, esos ancianos arrugados y consumidos por el frío y el hambre, esas madres desesperadas, esos niños sucios de llanto y mocos, con la mirada dolorosamente triste, viejos en sus pocos años, niños famélicos con la mirada perdida que me atormentaban y me dolían en lo más profundo.
Sacrifiqué mi moral en beneficio del bien común. Sacrifiqué mis ideas, mi integridad, mi pureza. Sacrifiqué todo lo que de bueno y noble había en mí. [..]"  


Sin duda lo que más me ha gustado de esta obra ha sido el peculiar sentido del humor con el que se habla de la muerte. Francamente, el humor negro también hace gracia, y esta obra lo demuestra. Aunque por supuesto ese no es el principal punto de la representación, si ayuda a amenizarla y a atraer la atención del público.
En las tres horas que dura da tiempo a reflexionar, a reír e incluso a soltar alguna lágrima, así que podría decirse que hay un poco de todo.
Creo que la intención de los autores de este libro era hacer comprender a la gente que aunque no podamos volver al pasado y cambiarlo, eso no significa que debamos olvidar lo sucedido; sino que debemos aprender de los errores cometidos para no repetirlos.

martes, 1 de diciembre de 2015

Delirium - Lauren Oliver

Adentrándonos en el género de la distopía podemos encontrarnos con novelas de todo tipo, desde futuros post-apocalípticos hasta versiones alteradas del presente.

Hay mundos en los que a las personas se las divide en facciones según sean osados, abnegados, eruditos, cordiales o sinceros; en otros se nos presentan distritos que luchan entre ellos a muerte como si de juegos se tratara; y en otros las leyes que rigen son las mismas que en la Edad Media, incluso tras una devastadora guerra. En todos esos casos se prohíben diferentes formas de expresión: la divergencia, la compasión e incluso la libertad de elegir vivir son privilegios que no todos tienen. Pero, ¿qué pasaría si lo que se prohibiera fuera el amor?

Hasta la llegada de Delirium nunca antes  se había planteado el amor como una  enfermedad. En este mundo se les inculca a los niños la idea de que el amor es una enfermedad mortal, y que a los 18 años deben realizar una intervención tras la cual  podrán ser libres de la llamada deliria, y así vivirán el resto de sus vidas de forma predecible, tranquila y feliz. Por otra parte, muy pocas obras del género romántico permanecen. Solo raras excepciones como es el caso de Romeo y Julieta son permitidas, ya que muestran el peligro de la deliria y sus consecuencias.

Al principio de cada capítulo aparecen citas sobre las leyes de ese país con respecto a la deliria nerviosa de amor. En algunas de ellas se habla de los síntomas de la enfermedad y sus efectos, de cómo era el mundo antes de la cura y por qué era necesario deshacerse de algo tan básico: “Las enfermedades más peligrosas son aquellas que nos hacen creer que  estamos sanos” –Proverbio 42, Manual de la FSS.

Cabe decir que no solo es el amor hacia
alguien del sexo opuesto lo que está prohibido (no creo que exista la homosexualidad en este
mundo, la verdad). También las excesivas muestras de cariño de padres a hijos se consideran
un delito, ya que son un mal ejemplo para los niños en un futuro y una posible señal de
simpatía con los “rebeldes”.



La constante presencia de una “conspiración” política es algo que me ha encantado de este libro. Esa tensión que siempre está ahí aunque
no se hable de ella, ya que las autoridades deciden absolutamente todo en la vida de la gente, desde sus creencias hasta sus trabajos y la
persona con la que pasarán el resto de sus vidas, e incluso aquellos que están curados viven con el miedo de que los reguladores entren en sus casas y las revisen, a pesar de que no hayan hecho nada en contra de las leyes.

Pero sin duda lo que más me ha gustado de Delirium es el cambio que sufre la protagonista, Lena, desde la primera hasta la última página.
Es un cambio real, constante y seguro, y si bien al principio pudo parecerme cuanto menos un personaje irritable, acabó siendo merecedora del papel principal. También ha habido frases que lo han convertido en algo todavía más increíble. Especialmente las últimas palabras del libro fueron las que consiguieron hacerme soltar una pequeña lágrima al final:


Te amo. Recuerda. Eso no pueden quitártelo.