lunes, 9 de noviembre de 2015

La primera vez

1. Mis primeros pasos. Cuando tropecé y mi madre me agarró entre risas. Sigo siendo la misma torpe que necesita de esas manos cálidas. Todavía tropiezo, caigo y me levanto. Y vuelvo a caer.

2. La primera vez que toqué el piano. Recuerdo como mis manos temblaban de emoción y como mi profesor se reía.
En ese tiempo no conocía la frustración de los compases imposibles y todo era tan sencillo como pulsar una tecla con el dedo ídice. Es una pena que las cuerdas no sean tan dóciles; ajenas al contacto de mis manos e incompatibles con la suavidad de las llemas de unos dedos cálidos.

3. Mis primeras palabras. Ante las cuales no sabía que decir.
A quien quiero engañar. Ya nadie recuerda mis primeras palabras. Probablemente fueron un murmullo, un balbuceo o algún sonido que solo yo podría reproducir.

4. Mi primer libro. Y la infinita paciencia de mi madre, quien siempre fue la mejor profesora.
Recuerdo la envidia que sentía al ver que mi hermana sabía leer y yo no. Y no deja de sorprenderme que mi yo de dos años pudiera sentir esas emociones. Desde aquí le doy las gracias.

5. El primer beso. Y la calidez de las travesuras de mi infancia.
Creo recordar que los pájaros silbaban y las flores se abrían ese día de verano, probablemente habían esperado por ese momento durante bastante tiempo y escaparon de la primavera para presenciarlo.

6. Esa primera mirada de complicidad. La de una niña que sabía que no hacía nada bueno.
Fue una sensación agradable, como cuando el simple hecho de que te prohíban algo hace que quieras hacerlo.

7. Mi primer vestido de noche. Y mi padre, que se negaba a dejarme salir de casa.
Es gracioso, porque no hay una sola prenda en mi armario que a mi padre le guste o le gustará.

8. Mis primeros tacones. Ese día casi me tuerzo un tobillo.
Mi hermana se reía de mi. Y es normal, yo también lo haría.

9. La primera actuación. De la que no recuerdo nada.
Mi vista estaba nublada, mis oídos taponados y la mente completamente en blanco.
Aun hoy, no sé cómo sobreviví a ese día.

10. La primera sonrisa falsa. Esa que causó temor dentro de mí, y que nadie más notó.
Poco a poco me acostumbré a esa sensación. Es algo divertido, aunque no debe ser muy sano.

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